En algún lugar

"De pequeño me impusieron las costumbres, me educaron para hombre adinerado, pero ahora prefiero ser un indio que un importante abogado"

Extremoduro


viernes, 28 de octubre de 2016

Reflexiones vitales desde el agujero de la mente

Ayer me envió Maya algunos escritos antiguos de este blog que empieza a ser parte importante de nuestras vidas. Eran escritos más íntimos con otras intenciones con otros propósitos. Han pasado algunos años. Los propósitos siguen, las reflexiones personales persisten, los objetivos no han cambiado. La vida o nuestras decisiones han hecho que éstos se desvíen sustancialmente de camino. ¿Qué nos ha pasado? ¿Qué me pasa a mí?¿Qué te pasa Alberto? ¿Es posible que un desengaño en el pasar de los años te haya mellado? ¿Qué le pasa a tu mente? Embotada hasta lo más profundo. Buscamos una salida y sabemos cual es, pero somos incapaces de descifrar la convinación. ¿Puede ser demasiado caprichosa, demasiado ilusa, en definitiva excesivamente ambiciosa?

Querer soñar, querer ver cumplir tus sueños, cuando parece que todo se derrumba alrededor ¿lo podríamos calificar de codicioso? Cada vez más ahogado por tus expectativas, nadas hacía la orilla de una costa peligrosa, lo sabes. Pero quiero vivir, pero al mismo tiempo quiero dejar incostancia de mi paso por este terreno yermo sin sentido. Veo lejos la curación, la percibo imposible y es doloroso exageradamente doloroso. 

Pero me apetece seguir explicando desde este rinconcito virutal las peripecias (ordinarias) de nuestra extraña familia. Mientras pueda, mientras mi mente me lo permita así lo voy a seguir haciendo. 

Ver crecer a mis hijos, ver los retos que se les presentan, ver a nuestra pareja afrontar la decisiones personales. Quiero vivir desordenadamente en libertad. Dejar de lado los tabúes y las creencias escritas, documentadas, quiero volver a las montañas semana tras semana, llegar a ese punto donde sólo te queda dar media vuelta porque no hay más terreno por el que seguir ascendiendo. Quiero escalar esas paredes a las que me ha conducido mi hijo mayor para mostrarme el camino del valor, la concentración y el desparpajo. ¿De que tenemos miedo? Del vacío bajo nuestros pies. Ahora lo he descubierto. Yo tengo miedo del vacío de nuestra existencia. No quiero alajas. Quiero experiencia. Quiero alas para poder volar. Aspiro a darles alas a mis hijos para que vuelen. Deseo volar con mi compañera, mi mujer, mi amiga hasta que pueda sostener mi mente en estado crítico. El después no lo podré controlar. Para mí no hay futuro. No creo que pueda llegar a él. Pero aún puedo compartirlo con vosotros el hoy. Aún puedo intentar que mis hijos entiendan el único estado real en el que todos y todas vivimos: el presente. Que lo forjen a su antojo y a sus sueños y que cuando lleguen a su mañana, puedan sentirse cálidos y confortables consigos mismos. 

Gracias Násser por haber nacido. Por ser como eres. Por enseñarme a escalar.

Gracias África por tus sonrisas, tus estridencias, y tus defectos, por obligarme a levantarme de la cama para que te cuide.

Gracias Maya por tus sacrificios, tu humildad, tus ambiciones, tus capacidades, tu lucha apartada por mi lucha. 

Gracias a mi padre. Y a mi madre. 

Gracias a los que me enseñáis parte de vuestras vidas, de vuestras experiencias, de vuestras motivaciones y expectativas. Nadie crece solo. 

Gracias aquellos que discutimos, que no nos hablamos o que incluso nos odiamos. También aprendo mucho de vosotros. 

Gracias a mi deficiente mente que me hace vivir de manera extraña e inestable sin saber que será lo próximo que se me ocurra. Espero que sea vivir y vivir, pero sea lo que sea gracias por conseguir traerme hasta aquí.









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